Breve historia de la Revista Sal Terrae…

Sal TerraeSal Terrae fue fundada en 1912 por el P. Remigio Vilariño SJ, un gran publicista religioso de su tiempo, en un momento de auge de la prensa católica (en 1904 había fundado la Asociación de la Buena Prensa, cuyo principal promotor fue el cardenal Marcelo Spínola). En aquel entonces, la revista más difundida era la también jesuita El Mensajero del Corazón de Jesús (en la actualidad REVISTA MENSAJERO), órgano del Apostolado de la Oración, que se editaba en Bilbao y cuyo director era también el P Remigio Vilariño. De ahí que Sal Terrae naciera de la mano de esta y comenzara a publicarse en Bilbao como complemento de El Mensajero.
En el primer artículo del número 1, Razón de esta revista, el fundador explica que con ella respondía a la demanda de sus amigos y deja constancia del lector al que estaba destinada: “sacerdotes de los pueblos, de las aldeas y del campo”. También reflejó la finalidad de su edición: “ayudarles en la preparación de sus sermones y doctrinas y ejercer con más eficacia y ánimo sus ministerios parroquiales”. Hoy, Sal Terrae no se dedica solo al clero rural, pero mantiene su finalidad pastoral sin perder el afán de actualidad y calidad que se anunciaba desde el principio.
Tenía al nacer dos grandes secciones: Concionatoria (sinopsis de sermones, en la actualidad REVISTA HOMILÉTICA) y Pastoral (todo lo que atañe al ejercicio del ministerio, en la actualidad REVISTA CATEQUÉTICA). Se publicaba en cuadernos mensuales y valía 5 pesetas. Los siete primeros años la dirigió el propio P. Vilariño y las suscripciones rondaron las 8.000. En 1919 cambia la dirección a la Universidad Pontificia de Comillas y la administración se sitúa en la calle Puntida 2, Santander, ciudad donde continúa la gestión actualmente. El profesorado de Comillas encontró en ella una publicación adecuada para comunicar sus conocimientos eclesiásticos y contribuir a la formación sacerdotal. Se publicaban las encíclicas y los documentos episcopales más importantes; los acontecimientos eclesiales merecían siempre comentarios especiales e indirectamente se hacía eco de los problemas que sufría España en los años 20, y por eso eran cada vez más frecuentes las noticias sociales y los problemas de las clases populares (sindicatos, jornada laboral, trabajo de la mujer…)…

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Las medias verdades son las mayores mentiras

Vivir en la gloriaLas mentiras burdas no son ya frecuentes. Muchos opinan que son suficientemente inteligentes para camuflar la verdad empleando medias verdades. Lo que resulta fatal y pernicioso es que realmente la mitad de nuestra sociedad actúa así. Sin embargo, la otra mitad silenciosa es mucho más importante. Incluso puede que ejerza un efecto contrario.
Cuando un hombre le dice a su mujer que va a entrenarse dos horas, después de salir de la oficina, y le oculta que se encuentra con su amiga en el gimnasio, esa media verdad es peor que una mentira.

Por miedo a la verdad
Por desgracia, las medias verdades se han convertido en algo admitido en nuestra sociedad. Parece que ella misma fuera el caldo de cultivo ideal para ello. Incluso aparecen en las declaraciones de los gobiernos cuando quieren camuflar, por ejemplo, el número de párados existentes. Esa política de esconder la cabeza en la arena como hace el avestruz, no ayuda en nada a nadie. Las medias verdades resultan destructivas tanto para el que las dice como para el que las escucha. Ese argumento tan gastado de que hay que procurar no herir a otros con la verdad es una mentira. Es uno mismo el que no quiere herirse con ella.

¡Que tu palabra sea sí sí, no no!
Jesucristo expresó claramente lo que pensaba de las medias verdades: «Que tu palabra sea sí sí, o no no. Lo que pase de ahí procede del Maligno». Si somos conscientes de que las medias verdades son mentiras por bien que las formulemos, habremos dado el primer paso hacia la sinceridad y la verdad.

Ejercicio
Analiza tus últimos tres días buscando tus medias verdades y conviértelas en verdades ante ti mismo y ante los demás.

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Valores, ¿para qué?

Cómo favorecer la madurez emotivaLos valores, lejos de ser un repliegue sobre uno mismo, se concretan en la acción. Son ideas-fuerza, opiniones, convicciones que sentimos profundamente y que nos conducen, sin dictarlas, a acciones que orientan nuestra vida. Los valores nos evitan, sobre todo, estar a merced de nuestras emociones del momento, de las pulsiones o de las reacciones a las presiones exteriores. Se dice que «un hombre es verdaderamente un hombre cuando lo ha cuestionado todo al menos una vez en su vida». Lo que no quiere decir que haya rechazado todo…
A menudo, nuestro sistema de valores es el resultado de valores vividos, asimilados y transmitidos por la larga cadena de nuestros predecesores, como la religión, las reglas de la vida social, la educación… En suma, normas. Si esos valores heredados son aún actuales y benéficos para nosotros una vez que hemos llegado a la edad adulta, no hay nada que decir. Sin embargo, ¿cómo estar seguros de esto? ¿Cómo descubrirlos, encontrarlos o reconocerlos, si las circunstancias de la vida nos han alejado de ellos?… Hay que saber, además, que existen dos escalas de valores: una, ideal (el altruismo que conduce a amar a nuestros enemigos), y otra, real, casi totalmente centrada en nuestras necesidades y su satisfacción…
Las jóvenes generaciones se ven forzadas a tomar más decisiones que las precedentes, pues reciben (¿sufren?) influencias hasta ahora desconocidas o casi: la televisión, las revistas, las películas, los medios de comunicación en general, la publicidad en particular. ¿Cómo abordar esas oleadas de influencias cuando se sabe que medio minuto de publicidad bien hecha conduce a una de cada dos amas de casa a la compra del producto anunciado? ¿Qué decir de los mensajes vehiculados durante una película de casi dos horas? En tales lapsos de tiempo, ¿cuántos valores teñidos de esteticismo o de violencia se nos transmiten sin darnos cuenta? Asaltados por todas las partes por el bombardeo mediático, los valores de los padres se pierden, se difuminan poco a poco bajo el efecto conjugado del «modismo» y de la modernidad. Más aún cuando los padres vehiculan a menudo valores ideales contradichos por los comportamientos de sus valores reales, una especie de «Haz lo que yo digo, pero no hagas lo que yo hago».
¿Cómo podrán elegir los adolescentes en su alma y en su conciencia, ante tal desfase entre los valores ideales, muy a menudo basados en la abnegación y el esfuerzo, y los reales, el egoísmo de la supervivencia? Enfrentados a esta ambivalencia, no hay muchas dudas de que elegirán lo fácil…

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Comentarios sobre UNA COPA DE VENENO

Una copa de venenoEn un edificio de viviendas situado en un callejón del muy parisino barrio del Marais se da la circunstancia de que la mayoría de los vecinos comparten la afición por las historias policíacas y prefieren reunirse para aclarar misterios antes que ocuparse de tediosos asuntos de gestión comunitaria. Así surge el club de detectives del Callejón Voltaire cuyo primer caso resuelto narra esta obra, con la que se inicia una serie de novelas dedicada a sus actividades. Los miembros de la asociación son, entre otros, un abogado jubilado, un cartero y un anticuario y restaurador pero los impulsores y protagonistas son dos hermanos, Annette, de trece años y Fabrice, de doce, hijos de un comisario de policía y un amigo que es un genio de la informática. Entre todos logran averiguar por qué se ha acusado a un malhumorado pero inofensivo tipógrafo en paro de haber envenenado a sus caseros a los que debía varios meses de alquiler.

La intriga, bien planteada, se desarrolla de modo ágil y sencillo, con un fondo humorístico que aligera la trama y le resta dramatismo aunque no interés. Bien escrita y ajustada a los esquemas narrativos propios del género al que pertenece, esta novela familiariza a los lectores infantiles con la observación de detalles, el análisis de situaciones y el sentido de la justicia, todo ello sin apelar a la violencia, en un clima de colaboración y cordialidad vecinal.

Publicado en www.troa.es

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Aparentar o ser

Vivir en la gloria¿En qué consiste el valor de un ser humano?
Nuestra sociedad suele juzgar a los seres humanos por lo externo, por el espectáculo, la ostentación y la publicidad; muchos se dejan impresionar y seducir por esto.
Sin embargo, cada uno de nosotros está arraigado en la búsqueda de lo auténtico. Todos anhelamos la verdad. Esta necesidad se expresa incluso en los millones de espectadores de las tertulias de la televisión, quienes se interesan por la vida de otras personas que no conocen, cuando se pone al descubierto en la pequeña pantalla. Detrás del aparente voyeurismo se encuentra, casi siempre, la curiosidad que se despierta ante una vida al desnudo, aunque a veces resulte también esperpéntica y chocante.

Vivir de las apariencias
Muchos se sorprenden a sí mismos viviendo de las apariencias, con ropas caras, con coches lujosos, asistiendo a fiestas y buscando conscientemente la aproximación a sectores y personajes prominentes. Como se encuentran bien en este modo de vivir, no ven motivo alguno para cambiarlo. Pero esto suele acabar en desengaño.

La vuelta a la realidad
La vida real es otra cosa, algo más duro. Se nos exige continuamente que nos enfrentemos a los problemas y a los demás. Las dificultades en el trabajo, los enfados con los vecinos, el dolor cuando muere alguien a quien amamos, las peleas en familia, etc.; hay que aceptar que la vida no sólo está compuesta de éxitos, sino también de fracasos y desengaños. No se es vencedor para siempre.
«No hay que querer que nos nombren “santos” antes de serlo», escribe en su regla san Benito. Sólo cuando volvemos a pisar el suelo firme de la realidad podemos dejar de vivir de las apariencias y retornar conscientemente a la vida, difícil e imperfecta, pero maravillosa.

Ejercicio
Échate en el suelo y siente cómo eres sostenido. Estás ahí, enteramente, sostenido por la tierra y protegido por el cielo.

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EL GRAN LIBRO DE LA VERDADERA FELICIDAD

El gran libro de la verdadera felicidadTodo el mundo quiere ser feliz y, a ser posible, de inmediato y para siempre. Despacio, despacio, recomienda Anselm Grün. La verdadera felicidad no se alcanza por medio de las prisas y el ajetreo. No es una meta hacia la que hay que abrirse paso. Se trata más bien de un regalo. No la encontramos en este o aquel lugar, sino en nosotros mismos, en medio de la vida diaria. Es más que un placer; es alegría de vivir. Solo el olvido de nosotros mismos nos hace felices: amar y ser amados, vivir con sosiego y serenidad, no aferrarnos a nada, estar atentos a lo que nos rodea, sentirnos agradecidos por lo que nos acontece. Esta es la avenida que conduce a la felicidad.

Autor
Anselm Grün se cuenta entre los autores cristianos más populares y más leídos del momento, es altamente apreciado por muchísimas personas como consejero espiritual, y sus obras han sido traducidas a las principales lenguas.

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¡SUEÑA A LO GRANDE, AMAPOLA!

¡Sueña a lo grande, Amapola! Amapola es una cerdita de andares torpes como los de un patito, que siempre sueña a lo grande. ¡Quiere ser una estrella! Pero pronto cae en la cuenta de que eso no es tan fácil de conseguir como parece. Solo entonces Amapola siente la magia de patinar y deslizarse sobre el hielo, dando giros y vueltas, ya que es una cerdita que no deja de creer en sus posibilidades. Amapola será una estrella en la pista de hielo.

Autora
Kristi Yamaguchi es una figura olímpica del patinaje sobre hielo y ganadora del concurso Bailando con las estrellas. Su lema «Sueña siempre» le ayudó a triunfar dentro y fuera de las pistas de hielo y aspira a influir en los corazones de los niños y niñas. De hecho, es la inspiración de este cuento para niños de cuatro años para adelante.

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